El ser anónimo

Ja tornem a estar en època d’exàmens, l’únic moment del curs en que la major part dels estudiants treballem de valent. Així que aquest mes de Gener es presenta poc productiu pel que fa a les actualitzacions.

La ciudad postmoderna, el capitalismo más radical y su democracia liberal ha sido el trampolín que ha llevado a la sociedad a una crisis de valores alimentada por otras crisis, como la de la ciencia, el cambio geopolítico o la pérdida de noción del término arte. En estos ámbitos donde el ser moderno podía hacer manifiesto de sus problemas ahora se han perdido, se ha quedado en un espacio vacío en el cual le es imposible criticar el sistema sin acabar formando parte de él.

El ser anónimo es como aquel sábado por la tarde, ese día de la semana que la resaca de toda la historia vivida solo te invita a sentarte al sofá y no moverte de allí por mucho que te duela la espalda. Es esa espina clavada al sistema que cuando se mueve duele más que cualquier acto político. El ser anónimo juega con su anonimato para actuar contra aquello que la hace mostrarse impotente ante el poder, sabe que no hay nada que hacer y que enfrentarse al sufrimiento es el acto capaz de hacerle alzar del sofá y gritarle a todo el mundo como le duele la espalda. Esa es su fuerza y eso es lo que más teme el poder, porque no puede controlarlo.

Solo cuando el ser anónimo actúa el poder tiembla. La fuerza apolítica, ingobernable y destructiva del anonimato ataca el capitalismo buscando lo contrario que él, el ser no siendo marca. Quizás sea por eso que a algunos les gusta la ciudad, ya que escondidos en su sufrimiento pueden encararse a aquello que en público no puede.


Todos mirando al suelo, incapaces de mirar a la vida

Todos mirando al suelo, incapaces de mirar a la vida

Basat en el pensament i les classes de ‘Pensament i crisis’ impartides pel professor Santiago Lopez Petit a la UB.